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Relatos de Vida y Sociedad

El Circo de los Hermanos López

Ramón Claudio Chávez 21 de abril de 2026 ⏱️ Lectura: 4 min

Portada de El Circo de los Hermanos López

Los hermanos Pedro y Juan López, eran parte de una familia numerosa que fue del interior a Buenos Aires para mejorar de fortuna.

El padre había fallecido a temprana edad y fue su madre, Doña Carmen, la encargada de criar a sus ocho hijos.

Las mujeres trabajaron en el servicio doméstico y en tiendas modestas en el conourbano bonaerense.

Pedro y Juan lo hicieron en la construcción, con un contratista que le pagada todos los fines de semana cuando había trabajo.

Se ayudaban entre todos, pero el dinero era siempre insuficiente.

Pedro y Juan decidieron probar suerte en un circo, colaborando en las tareas de armado, desarmado, ubicación de las gradas y en acercar los elementos de trabajo para la actuación de los artistas.

Aprendieron el oficio, incluso los chistes y trucos de los payasos.

El dinero que juntaban superaba al del oficio anterior, pero tampoco les permitía progresar.

Ambos tenían sus compañeras y dos hijos pequeños cado uno, por lo que en una larga noche de charla decidieron:

-¡Y si armamos nuestro propio circo!-

-¿Con qué plata ¿-¡fue la respuesta!-

-¡Empecemos con algo modesto, pero vayamos al interior, a los pueblos pequeños!-

-¡Después Dios proveerá!-

Compraron dos viejas carpas de camión, las remendaron y los tirantes necesarios para el armado.

-¡Lo llamaremos El Circo de los Hermanos López!-

Con algunos amigos de los circos callejeros totalizaron diez personas para aventurarse a descubrir la magia y su propio espectáculo.

Con ahorros compraron una vieja camioneta Dodge para trasladar las pertenencias personales hasta la ciudad de Virasoro, provincia de Corrientes, donde iba hacer su debut, “El Circo de los Hermanos López”. Los demás integrantes viajaron en ómnibus de línea y un vecino amigo con un viejo camión Mercedes Benz trasladó los elementos más pesados.

Con la camioneta salieron a las calles del pueblo para promocionar el espectáculo:

-¡Entradas populares, niños hasta 9 años gratis y una noche llena de sorpresa y diversión!-

El debut fue un éxito total, más cien personas, muchas de ellas paradas porque eran insuficientes las sillas, y la tribuna conocida popularmente como gallinero, repleta.

Los artistas eran contorsionistas, malabaristas, acróbatas, trapecistas, titiriteros y también payasos.

Los dueños hacían de payasos: Pedro decía que era Rosamel Fierro y Juan, Armando Paredes recordando su oficio anterior.

Las dos horas de espectáculo transcurrieron rápidamente, y los artistas hicieron lo posible de que hubiesen pocos baches en la función. Invitaron a la gente al show del día siguiente con la aclaración de no se iban a repetir los números artísticos de ese día.

Ante la precariedad de las instalaciones circenses, en la propaganda callejera sostenían, El Circo de los Hermanos López es el circo de los pobres, pero hacemos lo posible para que la gente la pase de primera; ante el lleno total del día del debut, invitamos al público que asista con su silleta para presenciar el espectáculo con comodidad.

Se fueron a otros pueblos cercanos, Liebig, Apóstoles, San José, estuvieron dos semanas en La Garita de Posadas, Candelaria y Santa Ana.

Maquillaban sus rostros con harina de trigo y había un solo trapecio, a pesar de eso la gente con empatía iba al circo de los pobres.

En la misa dominical, el cura párroco de San José, Victorio Gassman, utilizo el púlpito para pedirles a los fieles que fuesen a colaborar con esa gente.

En La Garita de Posadas, el público no era solo del vecindario, personas de las cuatro avenidas también se acercaban.

Una noche Pedro, actuando como Rosamel Fierro, se quebró ante el público y habló de todas las necesidades que pasaron.

“Que económicamente estaban mejor por el apoyo de la gente a su cruzada de ilusiones, que se sentían felices de compartir esos momentos con gente de su misma condición y arrancarle una sonrisa pese a todos los problemas cotidianos.

Siguieron recorriendo pueblos, alternando buenas y malas.

De pronto, un día, como casi todos los circos, se fueron separando, buscando otros rumbos, inciertos como es el mundo del arte.

Los hermanos Pedro y Juan regresaron al trabajo de la construcción, como cuentapropistas, ya que el arte muchas veces en la vida, “es pan para hoy y hambre para mañana”.

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