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BILARDO NO INVENTÓ LAS CÁBALAS.

Ramón Claudio Chávez 2 de agosto de 2026 ⏱️ Lectura: 3 min

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BILARDO NO INVENTÓ LAS CÁBALAS.

Había una vez un hombre llamado Lázaro que estaba convencido de que las cábalas eran las verdaderas dueñas de la suerte.

Lázaro era hincha de Colón, vivía en la calle Padre Genesio, a dos cuadras de la Avenida Aristóbulo del Valle. Antes de cada partido del “sabalero”, usaba la misma camiseta, tomaba café en la misma taza y salía de su casa siempre con el pie derecho.

No ha sido posible precisar si las mujeres o los hombres son los más “cabuleros”; es innegable que la mayoría de las personas suelen tener cábalas y asociarlas a éstas con la “buena” o la “mala suerte”.

Las juntadas para presenciar los partidos de la selección nacional, donde todos son hinchas del mismo equipo, son un claro ejemplo de estos hábitos y costumbres de los simpatizantes.

Entre los más “cabuleros” se encuentra el “Narigón Bilardo”, técnico de la Selección campeona del Mundo en México 86. No es cierto, pero muchos le adjudican al técnico la suerte necesaria en el mantenimiento de las cábalas.

Era tal su obsesión con ellas que controlaba su cumplimiento. A excepción de Valdano, todos los integrantes del plantel estaban consustanciados con el cumplimiento de las mismas. Giusti debía enterrar un caramelo en el césped donde se disputaba el partido. Todos ocupaban siempre los mismos asientos de ómnibus, escuchaban las mismas canciones y nadie debía preparar las valijas antes de los partidos, para Bilardo “eso era mufa”.

El capitán Diego Armando Maradona le entregaba siempre el banderín que intercambiaba con los capitanes de las otras selecciones a Marcelo Trobbiani que estaba en el banco de suplentes. El Tata Brown atendía un llamado desconocido al teléfono público del vestuario, nadie le contestaba y los mandaba a “la puta que lo parió”.

El ingreso al campo de juego se realizaba en “fila india”, Maradona primero, Pumpido segundo, Cuciuffo tercero y Burruchaga último, detrás Bilardo. Todos los partidos igual.

Para Bilardo las cábalas eran sagradas, le prestaba tanta atención, como a la concentración de los jugadores mientras disputaban los partidos. Era obsesivo incluso en el festejo de los goles convertidos. En la tierra azteca le cortó el cabello un peluquero mejicano, le decía que le trajo suerte y lo invitó a venir al país al finalizar el mundial con “Argentina Campeón del Mundo”. Muchos “cabuleros” asocian los juegos de azar con fechas de cumpleaños o significados de números en cuestiones familiares.

Un domingo, Lázaro salió apurado al estadio, olvidó la camiseta de la suerte, quiso regresar, pero iba a llegar tarde al estadio, estaba convencido de que todo estaba perdido; resignado siguió su camino.

Contra todos sus pronósticos, Colón ganó con un gol de César “Patito” Brítez en el último minuto…, celebró como nunca.

Pasó el resto del día preguntándose que había ocurrido; al llegar a casa sonrió. Quizás las cábalas no cambiaban el destino, solo le daban el valor para creer “que todo puede salir bien” …

A modo de conclusión, debemos entender que las cábalas solas no ganan partidos, premios, etc.

Algunas costumbres, más que atraer milagros de suerte y festejos…, hacen sentir que uno está listo para enfrentarlos.

Ramón Claudio Chávez. www.ideasdelnorte.com.ar

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