Días de Lluvia
Ramón Claudio Chávez • 17 de octubre de 2026 • ⏱️ Lectura: 3 min
DÍAS DE LLUVIA.
Octubre suele ser un mes de mucha lluvia, no tanto como éste que fue tremendo. Las noticias alertan sobre el cambio climático, el efecto del Niño; mientras la vida sigue tratando de acomodar lo que puede.
Verónica, vivía sola, sus dos hijos estaban estudiando y trabajando en Buenos Aires. Los días de lluvia la envolvían en recuerdos, algunos gratos y otros muy tristes.
Estaba detrás de la ventana mirando la calle vacía, una taza de té entibiaba sus manos. Hacía tres días que llovía, aunque no quería reconocerlo esperaba que alguien llamara a su puerta.
El destino entendió su deseo y como si nada…, apareció Gustavo, a quién no veía hacía mucho tiempo.
Se habían conocido en una parada de colectivos, un día de lluvia parecido a éste. Ella se protegía con una carpeta sobre la cabeza, él sin conocerla le ofreció compartir su paraguas. Caminaron juntos unas cuadras. Al llegar a la esquina donde debían separarse, ninguno de los dos parecía tener apuro.
Después vinieron los encuentros, tiempos de amantes, de besos escondidos y promesas que parecían eternas. Pero lo vida los llevó por caminos diferentes.
Verónica estaba pensando en Gustavo cuando éste llegó empapado, traía el cabello blanco y una sonrisa tímida. Llevaba un paraguas cerrado bajo el brazo, como si hubiera olvidado para qué servía.
- “¡Pensé que no vendrías…!”. Dijo ella.
- “¡Yo también lo pensé, pero comenzó a llover y me acordé de vos!”. Contestó él.
Verónica bajó la mirada. Tenía los ojos húmedos, aunque no toda aquella agua provenía de la lluvia.
Se dieron un abrazo intenso, de esos verdaderos, habían pasado mucho tiempo sin encontrarse.
Ella preparó otra taza de té mientras el agua seguía cayendo sobre los árboles del barrio.
Hablaron de los hijos…, de los trabajos…, de las personas que ya no estaban y por qué estaban solos. Con alegría recordaron aquella primera tormenta, del paraguas compartido, de las cuadras que caminaron juntos, sin saberlo…, porque cambiaron sus vidas.
Se miraron con amor, tenían caracoles en el cuerpo…, sonrisas cómplices atestiguaban el encuentro.
Llegó la noche y Gustavo se levantó para marcharse. Verónica lo acompañó hasta la puerta…y - “¿Volverás…?” -preguntó casi en susurro.
El la miró con la misma ternura de antes…
- “¡No sé cuándo volverá a llover!”. Dijo él.
- “¡No hace falta que llueva…Gustavo!”. Dijo Verónica.
Él comprendió que algunas oportunidades no regresan para que uno recupere el pasado…, sino para que uno se anime a vivir lo que todavía queda por delante…
Esa tarde, mientras las gotas caían sobre el vidrio mojado…, dos corazones descubrieron que el amor al final…, siempre llega…
Ramón Claudio Chávez. www.ideasdelnorte.com.ar
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