Pocoyó
Ramón Claudio Chávez • 17 de agosto de 2026 • ⏱️ Lectura: 3 min
POCOYÓ.
Gisela Elina Melgarejo había terminado el secundario con muy buenas notas. En su casa, de clase media baja, estaban orgullosos de ella, de su esfuerzo, de su sacrificio.
Se quedó un tiempo en el pueblo, esperando una oportunidad que tardaba en venir. No se resignaba a la pobreza, soñaba con algo mejor. Cuatro (4) años después recibió la noticia que una empresa exportadora de Rosario, Santa Fe, buscaba una empleada para tareas administrativas.
Gisela no lo pensó demasiado, sabía que irse significaba dejar atrás su pueblo, su familia y sus amistades. Una oportunidad que no podía desaprovechar. Rosario fue su destino, fue a la entrevista laboral con nervios escondidos en su sonrisa.
El entrevistador le preguntó: - “¡ Sabés manejar estos sistemas?”.
Ella dudó un instante y respondió con firmeza:
- “¡Algunos sí…,otros tendré que aprender!”.
Su sinceridad le jugó a favor y fue seleccionada.
Los primeros días fueron extremadamente difíciles, le entregaron planillas, facturas, documentos que nunca había visto en su vida, como escritos en otro idioma.
Cada vez que tenía que hacer algo nuevo, sentía un nudo en el estómago.
Tenía miedo de equivocarse, pensaba que podrían descubrir que no sabía lo suficiente, pero no estaba dispuesta a rendirse.
Preguntaba, anotaba, revisaba lo que hacía y al terminar le daba otra mirada. Estaba en las oficinas de la exportadora más tiempo que el necesario, a veces contemplaba el río por los ventanales o las luces de la noche en las avenidas.
Una de esas tardes su jefe se le acercó y en un tono paternal le dijo: - “¡Me gusta como trabajás!”.
Ella quedó sorprendida pensando que tenía mucho por aprender.
- “¡Cuando no sabés algo, no fingís que lo sabés! Tratás de aprender.
Ella le agradeció con una sonrisa.
Por primera vez desde que había llegado a Rosario Gisela comprendió algo importante: Tener miedo a equivocarse no significaba que no estuviera preparada.
Esa noche volvió caminando a su pequeño departamento. Rosario era puro bullicio de autos y de gente apurada. Ella no tenía prisa.
En su refugio, pensó en su familia, en el deseo de progresar y su pensamiento la trasladó a la infancia cuando miraba en la tele la serie de “Pocoyó”. Ése personaje de un niño de cuatro (4) años…, curioso…, alegre…, vestido de azul, que estaba aprendiendo sobre el mundo…
Se identificó con el personaje y se quedó dormida abrazada a su almohada de sueños…
Ramón Claudio Chávez.
www.ideasdelnorte.com.ar
Historias vinculadas
Relatos de Vida y Sociedad
Lasmigas del Pan
Don Enrique vivía en Aristóbulo del Valle, su casa era una vivienda de los barrios del “Iprodha” ubicada en los márgenes de la ciudad. Trabajaba en la empresa más importante del medio.
Leer historia
Relatos de Vida y Sociedad
Las Bahianas de Wilfrido
Wilfrido Tántera era de Gessler, provincia de Santa Fe. En 1974 abordó un tren y al mejor estilo de un “mochilero”, apareció en Apóstoles de casualidad.
Leer historia
Relatos de Vida y Sociedad
Una Joven sin Nombre
Eran las tres de la madrugada y el tiempo no corría, se arrastraba. El frío del invierno se metía por las hendijas de la vieja terminal. Varias personas esperaban el colectivo que partía a las cinco; cuatro compartían el mismo banco de madera desgastado por el tiempo. En un extremo, Ana sostenía entre sus manos un termo con el agua ya fría, el bar estaba cerrado y el termo eléctrico no funcionaba. Tenía más frío sin el mate.
Leer historia