MUITO OBRIGADO.
Ramón Claudio Chávez • 21 de junio de 2026 • ⏱️ Lectura: 3 min
MUITO OBRIGADO.
Ana Paula, Josefina, María Inés y Delfina, se hicieron amigas en los “Pub” de Palermo en noches de viernes llenos de vida.
Eran lo suficientemente independientes para tomar decisiones personales, todas tenían un trabajo estable; María Inés y Josefina terminaron la Universidad y ejercían la profesión en Estudios del centro de la “city porteña”.
Viajaban juntas a distintos lugares de vacaciones. Ese febrero la opción “Río” ganó por “afano” entre las preferencias de las chicas. En “Río” se vive el Carnaval como en ningún otro lugar del mundo, con el debido tiempo contrataron los pasajes y el lugar donde permanecer en la “Cidade Maravilhosa”.
Llegaron al Hotel a las 15 horas, se cambiaron, se pusieron los protectores solares y la Playa de Copacabana las esperaba con el bullicio de siempre.
El sol y el mar regala en pocos días ese bronceado único que en la ciudad necesita meses para lograrlo. Querían regresar bronceadas a Buenos Aires.
La playa como siempre “lotada” de personas que van a disfrutar del mar y de ese verano en “Río”. La belleza de la mujer argentina no pasaba desapercibida, miradas de admiración lo certificaban.
Por razones de seguridad, solamente Ana Paula llevaba su celular a la playa. Con él pagaba los gastos en “billeteras virtuales”, sacaba fotos, filmaba videos y se comunicaba con otras personas. Al regresar al Hotel enviaba a las otras chicas todo y dividían los gastos entre las cuatro.
Al día siguiente el mar las esperaba de mañana…, aprovecharon…, se fueron al mediodía un rato y regresaron hasta el oscurecer; se escuchaba “música de samba” que contagiaba e invitaba al baile.
La noche fue para los “Bares de Lapa”, los tragos, la “Música au vivo”, la gente cantando y bailando con rostros llenos de felicidad.
“Renato Pernambucano” poseía una “barraca” cerca, donde las chicas se instalaban a tomar sol y disfrutar el agua del mar. Era él quién le vendía los tragos de cerveza, de “caipirinha de limao”, “caipirinha de limao siciliano ou Tahiti”, “caipirinha con morango”, “caipirinha con maracujá”, “caipirinha con abacaxí” o “caipirinha con frutas vermelhas”. Con alegría al final de la tarde abonaban los gastos.
Copacabana está siempre llena de vendedores ambulantes, caminaban sin descanso ofreciendo sus productos, pasaba uno venía otro, también mujeres; hasta argentinos que vivían en Brasil vendiendo “empanadas” o “sándwich de milanesa”. Ofertas de “pareos”, “sombreros”, “anteojos”, “collares”, “biscochos”, “queso quente” o “camarao”, tenían innumerables respuestas de “MUITO OBRIGADO”.
Delfina conoció en la playa a un vendedor llamado “Joao”; éste le contó que su familia llevaba generaciones vendiendo en la playa, su abuelo empezó con “cocos frescos”, él traía jugos naturales y también sombreros. Esa tarde se fue caminando y se perdió de vista en el “Posto Nro.5”.
Los días pasaban, las chicas hicieron nuevos amigos, amaban el mar y todo lo que el entorno ofrecía.
Antes de regresar al hotel se comprometieron en volver el próximo verano. La voz de Vinicius de Moraes estremecía con “Garota de Ipanema” …; Ana Paula, Josefina, María Inés y Delfina bailaban abrazadas en la hermosa playa de Copacabana…
Ramón Claudio Chávez,
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