La Virgen del Cementerio
Ramón Claudio Chávez • 21 de abril de 2026 • ⏱️ Lectura: 4 min
Tato, Tito y Toto eran amigos inseparables; estaban terminando el secundario en la Escuela Industrial, se pasaban el día planeando travesuras. Salían de aventuras por las noches en las calles de Apóstoles, al igual que los Burtnik de Colonia Unión, buscando vértigo donde otros solo veían rutinas.
Una noche calurosa, mientras pedaleaban sin rumbo, Tato frenó de golpe. Y dijo:
- “Che… ¿y si vamos al cementerio?”. Propuso con esa chispa en los ojos que siempre anunciaba problemas.- “¡Para qué!”-preguntó Tito frunciendo el ceño.
- “¡Dicen que todavía se aparece la Virgen!”-contestó Tato bajando la voz, como si el aire pudiera escuchar.
La historia de la Virgen en el cementerio fue instalada en el imaginario popular, con motivo de un rayo de luz que reflejaba por las noches en el camposanto. Algunos decían que era un mensaje místico en ese lugar donde descansaban los muertos. Los ómnibus que pasaban por la ciudad rumbo a Buenos Aires, detenían su marcha en la zona del Barrio Chaquito para que el pasaje observe esa disposición milagrosa.
Los tres se miraron. No era la primera vez que escuchaban esa historia; vecinos aseguraban haber visto en las madrugadas una figura luminosa que caminaba entre las tumbas. Algunos hablaban de milagro, otros de castigo.
Con el corazón apretado por la curiosidad más fuerte que el miedo, rumbearon hacía allá, dejaron las bicicletas en el portón y entraron. El viento movía las ramas secas y el ruido del portón de acceso se clavó en sus oídos como un presagio.
En un acto de audacia querían ubicar en qué tumba aparecía la luz para tomar como mensaje, o presagio de algo que excedía la razón humana.
A cincuenta metros del acceso se encuentra la Cruz Mayor, les impresionó que aún en la noche ardían las velas encendidas por los familiares de los difuntos en horas de la tarde.
- “¿Por qué no se apagaron las velas?”-Preguntó Tito con temor.
- “¡Me están temblando las piernas!”. Agregó.
Desde lejos la luz se reflejaba en el centro del cementerio, superando la distancia del lugar donde aún ardían las velas que encendieron los familiares de los difuntos.
Dieron unos pasos más…, cuando la vieron.
Allí, al fondo donde estaba la canilla de agua a bomba de pistón o bomba de mano, una figura blanca parecía deslizarse en la noche. No caminaba…, flotaba. Sus brazos extendidos irradiaban una luz suave, similar a una vela en la oscuridad.
Quedaron paralizados los tres…, en silencio…, como si cualquier palabra o expresión produjera una reacción inesperada e incontrolable de la imagen.Tito, aumentó el miedo; Tato tragó saliva, pero ni un sonido salió de su boca. Tato, que había sido el más valiente, apenas atinó a hacer la señal de la cruz.
La figura se detuvo y realizó un giro hacia ellos…, pareció mirarlos por un instante, como reconociendo en esos muchachos una mezcla de fe y travesura. Luego, se desvaneció en la penumbra de la noche …, como si nunca hubiese estado allí.
Empezaron a caminar hacia atrás sin quitar la mirada al lugar de la aparición. No hablaban, seguían “pálidos ”. Al trasponer la Cruz Mayor, comenzaron a rezar al unísono “el padre nuestro”.Salieron del cementerio y tomando sus bicicletas, se alejaron por el bajo rápidamente. Recién en la Avda.9 de Julio se detuvieron, sobresaltados…, con el temor aún latente, repasaron lo alucinante de la historia.
Tato, Tito y Toto, podían comentar haciendo alarde de su valentía de ir al cementerio de noche, pero nadie le creería que las velas de la Cruz Mayor estaban encendidas… y menos…, que en su camino se cruzaron con la Virgen…
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